Capricho, la primera de las piezas de la trilogía, reflejaba el universo femenino a través de mujeres que lavan y tienden ropa en las azoteas: la han representado en plazas, jardines, embarcaderos y otros espacios al aire libre.
Lazurd habla de un viaje interior y de momentos de plenitud que se traducen en un bacanal sobre un espacio inundado. Y Zahoríes, que se acaba de estrenar en Manchester, “intenta sacar a la luz, en tiempo de sequía, las aguas que estan ocultas: en un plano metafórico es una búsqueda de los sueños, del amor y de las cosas que se atesoran más secretamente”, explica Inés Boza, directora -junto a Carles Mallol- de Senza Tempo. “Como para nosotros, el desierto es una referencia geográfica lejana, escenográficamente nos inspiramos en el secano ibérico: hemos llenado el escenario de cepas, y hemos introducido el viento como agente desertizador. Pero en definitiva hablamos de relaciones humanas, de soledad y de ese regalo que nos espera y que a menudo no somos capaces de ver”.

Senza Tempo estrena Zahoríes, última parte de su trilogía del agua.
De Javier Vallejo (El Pais, Babelia, 20 de mayo de 2000)