El largo fin de semana traía un regalo de la mano de Senza Tempo, esa compañía de teatro-danza que tanto y tan bien contribuye a un género que va encontrando, poco a poco, su lugar en el espacio escénico de nuestro país. Creo que todas las mujeres españolas, las de la generación en la que sus padres eran niños en la guerra, han oído contar a sus madres y abuelas que durante la posguerra, cuando las medias eran “de cristal” eran un lujo y la última moda eran las medias con costura, las mujeres se pintaban la ralla en la pantorrilla para simular que llevaban lo que les resultaba imposible comprar.
Ese gesto está en “La canción de Margarita” y es uno de esos detalles que el guión deja caer, como improvisados, como sin importancia, pero que marcan el tono de una obra llena de sutilezas. Senza Tempo ha renunciado en parte a la abstracción en un montaje que rinde tributo a tantas abuelas Margarita, a tantas mujeres que echaron mano de un coraje del que ni ellas mismas eran conscientes para atravesar.
A todas esas heroínas anónimas y silenciadas se dirige esta obra que ponen en pie cinco mujeres y un hombre entrelazando con sabiduría y fluidez danza, música, palabra e imagen. Aquí los códigos se han hecho mucho más explícitos para favorecer la recepción del mensaje. Este llega emocionado sin caer en la sensiblería, sutil, dramático sin caer en dramatismo, irónico, con las gotas suficientes de humor, afilado cuando corresponde.

ANGÉLICA TANARRO (Nortecastilla.es, 13 de marzo 2007)