El público se reconcilió con la compañía Senza Tempo tras el estreno de su último trabajo Peixos a les butxaques, donde retoman la creatividad y fluidez que mostraron en Robadors de sal, una pieza de 1995. Sus tres anteriores obras sobre el tema del agua, Capricho (1994), Lazurd (1998) y especialmente Zahoríes (2001), distan del frescor e imaginación que todos esperábamos del dúo formado por Inés Boza y Carles Mallol desde que irrumpieron en el panorama dancístico, a principios de la década de 1990.
En esta ocasión Inés sólo asume el papel de codirectora, no baila; sí lo hace, magníficamente, Carles Mallol, junto a Viviane Calvitti, Nausica Guitart e Iva Horvat. Siguiendo con su estética a lo Pina Bausch, Boza y Mallol han ideado un bellísimo espectáculo de danza-teatro formado por tres piezas cortas, Cien años, El día en que… y De tul a tul, que se entrelazan en un sugestivo sueño.
Como todos los trabajos de Senza Tempo, Peixos a les butxaques presenta una cuidadísima puesta en escena, tanto en lo que respecta a la escenografía como al vestuario. Al levantarse el telón aparece una cama con dosel y un vestido largo blanco. Una sensual mujer que luce una falda de tul con volantes nos sumergirá en su memoria. Otras dos mujeres la acompañan. Un hombre tumbado en una cama repleta de manzanas duerme. A través de un fluido vocabulario gestual en el que se entrelazan con sutileza las ricas frases coreográficas con el gesto cotidiano, los personajes se relacionan, sus sueños se trenzan formando un expresivo mosaico. Las canciones, la voz y la mirada se unen al movimiento, moldeado por un atractivo collage musical que combina música pop, flamenco y música árabe.
El solo interpretado por Carles Mallol es realmente espléndido. Suspendido en el aire, planea sobre un escenario lleno de manzanas. Histriónico y tierno, sus pies se tuercen mientras su cuerpo se deja seducir por la canción de Tom Jones Sex bomb.

De Carmen del Val (El País domingo, 7 de abril de 2002)