En pocos meses el público de Valladolid ha tenido al oportunidad de ver la trilogía del agua, compuesta por Capricho representada hace unas semanas en el festival de teatro de calle, Lazurd y Zahoríes, estrenada esta última el viernes en la Sala Ambigú. Estas tres propuestas hablan de rigor, trabajo serio, creatividad, buena técnica y sensibilidad, unidas por el hilo conductor, el agua, como metáfora.
En Zahoríes, dos hombres y una mujer buscan en un territorio agreste, plantado de vides secas, como Zahoríes, el agua, el amor.
Este espectáculo de teatro-danza transcurre por el mundo interior de los personajes, que viven en soledad, perseguidos por certeras obsesiones y que intentan salir del hostil territorio , significado por la escenografía y por un viento que seca y esteriliza, para encontrar la felicidad y el amor, que se anhela y que surtirá espontánea de una de las vides.
Esta historia contada por Senza Tempo, se apoya en una música, mediterránea, sensual en ocasiones, y en unas imágenes sugestivas y , bellas y con fuerza plástica. Imágenes o acciones como la del hombre que trata de pescar con una caña a la mujer, la pelea entre los dos hombres – tradicional en danza pero con suficientes acciones para ofrecer novedades -, el intento de llenar unos bidones de agua en una afanosa búsqueda al ras de tierra, o la escena final, hermosa e inquietante a un tiempo, con el hombre, tapados los ojos, que intenta alcanzar el agua de un bidón que cuelga de una caña de pescar que tiene atada.
Los tres intérpretes, Inés Boza, Carles Mallol y Eduard Teixidor, conjugan la expresión corporal, las acciones físicas con movimientos propios de la danza, en una interpretación armónica donde los gestos amplifican y dan mayor significado a los movimientos. El espectáculo se emparenta tanto por el planteamiento, como por la concepción y diseño de escenografía y vestuario, con los de Pina Bausch, pero mostrando personalidad por la evolución de esta propuesta desarrollada con criterios propios.
Zahoríes tuvo una cálida acogida del público.

De José G.L. Antuñano (ABC Valladolid, 28 de mayo de 2000)