Este trabajo es una manera rotunda de difuminar la frontera entre danza y teatro. La dramaturgia impera sobre el resto. La disponibilidad espacia, la utilización de la expresión corporal, el juego con los elementos escénicos y el propio desarrollo de la historia es una muestra de teatro contemporáneo pluridisciplinar.
Hay personajes, hay intención previa, hay planteamiento, nudo y desenlace, escenografía, iluminación y mucho talento cargado de sensibilidad.
Es decir, teatro que se expresa sustancialmente con el cuerpo, en donde hasta hay coreografías, pero también hablan, también canta. ¿Ópera acaso? No es cuestión de nombrar, sino de sentir lo que proponen estos artistas. Un viaje. Un simple viaje de unos personajes inquietantes, beckettianos, que acaban descubriendo el mar, su mar interior, el mar de agua bautismal. Al que inicia el ser en la verdad de su existencia y de las posibilidades de convertir la expresión artística en una unción que da pasaporte a las emocione, a las composiciones escénicas cargadas de significado y que se suceden en una atmósfera sonora realmente ejemplar.
Un espectáculo total, en donde cada personaje tiene una vida interior y que, en conjunto, produce una extraña sensación de trayecto por un estado emocional que arrastra a los sentimientos, que provoca sobresaltos casi hormonales en el espectador fascinado por lo que ve, por lo que oye, por lo que le hacen sentir el conjunto de los elementos dramáticos, perfectamente ordenados en una puesta en escena que une la singularidad, lo pequeño convertido en gigante referencial y lo espectacular.
Una iniciación en lo sutil, en donde los actores bailarines van logrando que sus personajes inunden más que el agua, que no son solamente movimiento, sino que transmiten sentimientos.
Todo está encajado con minuciosidad de relojero. Cada sonido, cada foco, cada gesto, cada explosión de energía van logrando esa rara sensación de bienestar y compromiso anímico e intelectual en los espectadores para dejarse maravillar por el fascinante espectáculo al que asiste bautizado por el agua que no aisla, sino que une por esa península llamada talento, belleza, teatro y danza. Desde su primera idea hasta la dirección pasando por la interpretación, todo nos lleva por un viaje con destino el Arte.

De Carlos Gil, gara, 14 de febrero 2000