Las escenas van pasando como cuadros de un retablo barroco de una plasticidad surrealista y los intérpretes encarnan perfectamente su papel, por lejano que sea de su personalidad real…De un buen espectáculo de setenta y cinco minutos a una ilusión por la danza para siempre.

Bàrbara Raubert Nonell (Avui, 8 de mayo 2004)