Tras el sorprendente éxito obtenido por Inés Boza y Carles Mallol con su primera obra, Senza Tempo (1991), se esperaba con curiosidad el estreno de su segundo espectáculo, Cuento sin título, una deliciosa locura irregular.
El nuevo montaje, al igual que el primero, es un trabajo más cercano al teatro que a la danza, con numerosas connotaciones del trabajo de Pina Bausch. A lo largo de la obra existen momentos brillantes y originales que respiran ironía y frescura. La indiscutible presencia escénica de los dos sensibles autores e intérpretes logra que este raudal de emociones, situaciones absurdas y poesía asfáltica acabe por seducir al espectador.
En Cuento sin título, sus autores utilizan en el escenario elementos como montones de bolsas de basuras con desechables y numerosas latas vacías de coca-cola para crear una estética sugerente donde no hay un discurso lógico. A partir de las acciones de los intérpretes y de su interrelación, se crea un ambiente cargado de significados. El gesto cotidiano coexiste con las frases coreográficas.
En este marco se encuentran dos seres distintos. Inés es una mujer bella, seductora, consciente de que la vida es una trampa, y quiere llegar la primera, su sueño es atrapar la luna. Carlos es inocente, emana humanidad, para él la vida es un juego. Ambos intiman, juegan, pretenden huir escondiéndose dentro de una bolsa, pero al final se enfrentan por salir del mundo que les oprime y llegar el primero.
Muy acertada la base musical de la obra, una amalgama de diferentes compositores: Bach, Monteverdi, Granados, Mary Martin, E. Bloch, música húngara y folclor turco, que surge de una especie de caja de música con ruedas que se mueve por el escenario y se convierte en el confidente de esta singular pareja.

De Carmen del Val (El Pais, Cataluña, 19 de febrero 1993).